miércoles, 27 de enero de 2010

Tiempo de Semillas

Publicado por FUNDACION DE LA FAMILIA en 6:15


Susana Norambuena
Psicóloga / Directora Centro Familiar Huechuraba

Mañana miércoles 27 de enero, tenemos paseo a Isla Negra.

El paseo se gestó en el grupo de familias fundadoras de la población La Pincoya con el que trabajamos desde Junio. Hace tiempo ya se autonombraron. Se llaman “Agrupación Pincoya, 40 años de Historia”. Creo que fue en Septiembre cuando se pusieron nombre. Discutieron si eran una agrupación, un comité, una comisión, una organización. Se decidieron por “agrupación”, porque todo lo otro tenía algo disonante para ellos: el comité sonaba a algo por un motivo en particular, la comisión sonaba “muy a comisión de gobierno”, la organización sonaba muy institucional o muy formalizado. Y ellos, al parecer, querían distinguirse de todas esas otras formas. “Nosotros somos una agrupación, nos juntamos porque queremos juntarnos”.

Mañana se juntan denuevo –porque quieren- para ir a la Casa Museo de Isla Negra, a hacer entrega de una fotografía que es una especie de ícono gráfico de la Población. En ella aparece una pobladora haciendo entrega de una bandera chilena a Pablo Neruda en el primer campamento de La Pincoya, que ese día, con la venia del poeta, se nombró “Campamento Pablo Neruda”.

Mañana, la misma pobladora que entregaba la bandera a Pablo Neruda, entregará a su casa en Isla Negra esa fotografía. Don Pablo les entregó su nombre; la Agrupación Pincoya 40 años de historia, le entregará un símbolo de la población.

Mientras venía en la micro, mientras pensaba en qué decir, recordé la noche en que empezó a gestarse la agrupación. Llovía “a chuzo”… además hacia frio… además, estaban la calles inundadas… y llegaron más de 40…

No puedo evitar decir que etimológicamente, “recordar” es volver a pasar por el corazón. Mientras iba en la 112 acercándome a La Pirámide y se veían las luces de La Pincoya, esa noche pasó nuevamente por mi corazón.

Esa noche les conté una historia que me contó Don Gabriel Salazar cuando le conté que trabajaba en La Pincoya. Él la conoció como jurado de un concurso de cuentos y la había escrito un pincoyano. Se trataba de un árbol grande como muchos habían en la población y del pajarito que en él habitaba. Día a día el pajarito salía a volar y llegaba en la tarde a su nido a contarle todas las novedades de la población al árbol. Conversaban, se reían, a veces también se apenaban, pero sobre todo compartían.

De pronto el pajarito empezó a llegar triste, el árbol se daba cuenta y le preguntaba las razones de su pena, y luego de un rato él le contaba que iban a hacer más casas y calles y cortarían a algunos de sus amigos árboles.

Un día el pajarito llegó muy triste. Callado, ensimismado, ni piaba nada. El árbol se extrañó y se preocupó por su compañero y preguntó con insistencia qué le pasaba. Hasta que él pajarito respondió:

- Es que … es que … es que: …árbol, ahora… te van a cortar…

Uff. El árbol se sintió profundamente triste, le dio rabia, se estremeció… todo eso en silencio, con apenas un leve temblor en sus ramas. Y ahí, en su silencio, sintió fuertemente sus raíces y sintió toda su fuerza y se paró firme de nuevo y le dijo:

- No importa amigo, toma mis semillas y repártelas por toda la Población, que llegó la hora de sembrar.



"RECUPERACION DE LA HISTORIA LOCAL"

Familias Fundadoras de La Pincoya y Centro Familiar de Huechuraba

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