miércoles, 27 de enero de 2010

Tiempo de Semillas

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Susana Norambuena
Psicóloga / Directora Centro Familiar Huechuraba

Mañana miércoles 27 de enero, tenemos paseo a Isla Negra.

El paseo se gestó en el grupo de familias fundadoras de la población La Pincoya con el que trabajamos desde Junio. Hace tiempo ya se autonombraron. Se llaman “Agrupación Pincoya, 40 años de Historia”. Creo que fue en Septiembre cuando se pusieron nombre. Discutieron si eran una agrupación, un comité, una comisión, una organización. Se decidieron por “agrupación”, porque todo lo otro tenía algo disonante para ellos: el comité sonaba a algo por un motivo en particular, la comisión sonaba “muy a comisión de gobierno”, la organización sonaba muy institucional o muy formalizado. Y ellos, al parecer, querían distinguirse de todas esas otras formas. “Nosotros somos una agrupación, nos juntamos porque queremos juntarnos”.

Mañana se juntan denuevo –porque quieren- para ir a la Casa Museo de Isla Negra, a hacer entrega de una fotografía que es una especie de ícono gráfico de la Población. En ella aparece una pobladora haciendo entrega de una bandera chilena a Pablo Neruda en el primer campamento de La Pincoya, que ese día, con la venia del poeta, se nombró “Campamento Pablo Neruda”.

Mañana, la misma pobladora que entregaba la bandera a Pablo Neruda, entregará a su casa en Isla Negra esa fotografía. Don Pablo les entregó su nombre; la Agrupación Pincoya 40 años de historia, le entregará un símbolo de la población.

Mientras venía en la micro, mientras pensaba en qué decir, recordé la noche en que empezó a gestarse la agrupación. Llovía “a chuzo”… además hacia frio… además, estaban la calles inundadas… y llegaron más de 40…

No puedo evitar decir que etimológicamente, “recordar” es volver a pasar por el corazón. Mientras iba en la 112 acercándome a La Pirámide y se veían las luces de La Pincoya, esa noche pasó nuevamente por mi corazón.

Esa noche les conté una historia que me contó Don Gabriel Salazar cuando le conté que trabajaba en La Pincoya. Él la conoció como jurado de un concurso de cuentos y la había escrito un pincoyano. Se trataba de un árbol grande como muchos habían en la población y del pajarito que en él habitaba. Día a día el pajarito salía a volar y llegaba en la tarde a su nido a contarle todas las novedades de la población al árbol. Conversaban, se reían, a veces también se apenaban, pero sobre todo compartían.

De pronto el pajarito empezó a llegar triste, el árbol se daba cuenta y le preguntaba las razones de su pena, y luego de un rato él le contaba que iban a hacer más casas y calles y cortarían a algunos de sus amigos árboles.

Un día el pajarito llegó muy triste. Callado, ensimismado, ni piaba nada. El árbol se extrañó y se preocupó por su compañero y preguntó con insistencia qué le pasaba. Hasta que él pajarito respondió:

- Es que … es que … es que: …árbol, ahora… te van a cortar…

Uff. El árbol se sintió profundamente triste, le dio rabia, se estremeció… todo eso en silencio, con apenas un leve temblor en sus ramas. Y ahí, en su silencio, sintió fuertemente sus raíces y sintió toda su fuerza y se paró firme de nuevo y le dijo:

- No importa amigo, toma mis semillas y repártelas por toda la Población, que llegó la hora de sembrar.



"RECUPERACION DE LA HISTORIA LOCAL"

Familias Fundadoras de La Pincoya y Centro Familiar de Huechuraba

miércoles, 6 de enero de 2010

Hacia una Praxis Crítica

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Herbert Guajardo (Coordinador CF Temuco)
Aldo Pastore (Encargado Proceso de Sistematización)

La Fundación de la Familia ha tenido como uno de sus ejes centrales para el año 2009, el proceso de sistematización de la gestión social de la institución. Este proceso quiere ser un espejo para reconocernos en nuestra propia imagen… un prisma para mirar las prácticas comunitarias desplegadas, en la explícita aspiración de sus proyecciones… un eco orgánico para constatar los soportes teóricos desde donde se sustentan dichas prácticas. Una sistematización como alternativa para construir Praxis Crítica.

Después de que cada uno de los Centros Familiares de todo el país, a partir de lo hecho, seleccionaran una experiencia a sistematizar, que se re-contara sus cómo-por qué-para qué y analizara (en el equipo técnico local y con los respectivos grupos de vecinos participantes en ellas) sus implementaciones e impactos, nos reunimos un grupo representativo de la Fundación, en una intensa jornada de trabajo donde las analizamos críticamente. Elaboramos conceptualizaciones y conformamos categorías, emanadas desde este análisis. Tarea ardua y compleja, pero fructífera.

Fue una intensa jornada de encuentro que buscaba profundizar en nuestras prácticas de intervención, donde predominó la emergencia espontánea de subjetividades que iban conformándose como piezas únicas de un mismo mosaico, cada una puesta al servicio de la construcción de esos saberes colectivos que muchas veces compiten con un activismo que responde a las demandas de territorios e instituciones. Y haciéndole honor a la verdad y pasando por sobre egoísmos institucionales los saberes develados son tanto nuestros como de las comunidades donde estos aprendizajes cobran vida, forma y fondo. Ver esta obra de arte develándose pedazo a pedazo, donde se mezclaban las frustraciones y las esperanzas, y donde cada experiencia compartida guardaba en su interior elementos que nos eran tan comunes, me llevó a reconocerme y reconocernos en una identidad propia desde el hacer. Somos lo que hacemos.

¿Pero para qué hacemos lo que hacemos?. Somos una Fundación pequeña. 15 Centros Familiares en todo Chile. Pareciera ser que no tuviéramos mayor incidencia sobre un futuro deseado para nuestro país. Sin embargo, la vida es ahora y aquí. Es éste el tiempo y el lugar para hacer que la vida sea distinta y mejor. Y esa construcción también es colectiva porque invoca responsabilidades compartidas, re-conocimiento del otro, actoría social, ejercicio de ciudadanía, desplegar recursos comunitarios, etc.

Y otra pregunta igual de provocadora ¿Desde dónde hacemos lo que hacemos? Y ahí evoco las profundas certezas de las utopías abrazadas en los tiempos de luchas y esperanzas por mañanas más prósperos para cada persona que habita nuestra tierra. Son esas utopías las que aún movilizan e iluminan este caminar en el incierto devenir de nuestra historia.

Sinergia, convergencia, sintonía, potencia… es curioso como algunos términos prestados de la física y la geometría a veces ayudan a reflejar de mejor manera la síntesis de un proceso tremendamente significativo y desafiante como ha sido el proceso de sistematización institucional… desde un modesto objetivo como es aprender de nuestras prácticas, hemos visto surgir, en el diálogo permanente y en la lectura los relatos de cada uno de los participantes de estas quince experiencias, un cúmulo de conocimientos y aprendizajes que si bien se descubren en las prácticas de trabajo comunitario de nuestros equipos, tienen su origen en la profundidad de los saberes acumulados por años en las comunidades… esta honesta aproximación al conocimiento, capaz de poner entre paréntesis nuestras certezas para cuestionar y contrastar nuestro quehacer nos permite desarmar una y otra vez nuestros artefactos, sin temor a la crítica o a la interpelación… este paso representa la vigencia de nuestro trabajo y refuerza nuestra convicción de estar abriendo algunos viejos caminos que de tan olvidados, hasta nos parecen nuevos.

Para todos los participantes, muchas gracias…

lunes, 30 de noviembre de 2009

Compartiendo la VIDA

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Miguel Honorato R.
Encargado Telecentro Peñalolén


Un correo electrónico recibido hace un par de semanas me entregó un gran regalo: de los cuatro premios del concurso de relatos familiares organizado por la Fundación de la Familia, todos fueron entregados a participantes del Centro Familiar de Peñalolén. Por lo general las buenas noticias y la suerte están al otro lado de la acera que ellos habitan. Puedo dar cuenta de eso, ya que pude sentir la sorpresa y la incredulidad al otro lado del teléfono, cuando les anuncié tan merecido reconocimiento.

Hay momentos que uno va atesorando bajo siete candados. De vez en cuando les echamos una ojeada para ver si siguen ahí, abrazados a calendarios que ya no cuelgan de la pared y descansan mudos la danza de colores y perfumes que nos mueven, que nos han construido, que dan vida por momentos a nuestros sueños, que nos obligan a creer en utopías, pequeños episodios que se presentan como regalo a nuestras vidas, colmados muchas veces de dolor y también de amor.

En un mundo donde lo importante es funcionar, donde los números tienen un valor superior a las personas, es difícil hablar de uno, de nuestra historia, de lo que nos ha tocado vivir, de momentos obligados a olvidar, de recuerdos mandados a dormir y lo que sucede finalmente es que no se olvida sino que no se recuerda.

Habitualmente, se acostumbra a relatar una historia sólo recreada desde el habla, dejando guardados los sentimientos, emociones y el propio recuerdo. Esto, se contrapone con el significado de la palabra recordar “volver a pasar por el corazón”. Ese ejercicio se hace más en la intimidad, en soledad y a veces con los otros que me acompañan.

Por eso la gratitud de haber podido conocer, abrazar y compartir esas experiencias con este concurso de relatos familiares, relatos nacidos desde un simple taller de alfabetización digital, donde no sólo se debería buscar disminuir la brecha digital o acercar a la gente a las nuevas tecnologías, sino también, debería ser una oportunidad para promover un aprendizaje significativo, el que sólo se logra vinculando esos conocimientos con las experiencias que han construido a cada uno de los participantes, generando una oportunidad de visibilizar la voz de los olvidados. Eso es una obligación que desde este espacio de trabajo se puede realizar aportando concretamente a fortalecer a cada persona, lo que incide de manera positiva en su dinámica familiar. El adquirir nuevos conocimientos, favorece por un lado, a la identidad y auto imagen de quien los adquiere y por otro, a relacionarse de manera diferente con los demás. Es acá donde el regalo se completa, porque hoy no sólo ganó Jocelyn, Patricia, don Juan, sino que sus familias y vecinos que podrán reconocerse en alguno de estos relatos y ver en los premios obtenidos una clara muestra de reconocimiento, fortaleciendo lazos y creando nuevos espacios de encuentro.

Y en un par de años más, todo esto volverá a pasar por el corazón, con emoción y gratitud recíproca.

martes, 10 de noviembre de 2009

CRÓNICA DE UN ENCUENTRO

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Compartimos aquí una crónica a varias manos y voces, diferentes apreciaciones y miradas múltiples integradas en un mismo relato, de la reunión mensual del 4 de noviembre de 2009 del Programa de Infancia de la Fundación de la Familia:

Con respecto a la jornada me quedé pensando en que las técnicas lúdicas son un vehículo efectivo para impulsar procesos reflexivos de los participantes, la experiencia de compartir vivencias nos ayuda a construir conocimiento con respecto al hacer práctico. Me quedé con la inquietud de innovar en nuestras prácticas de intervención, de adquirir conocimientos en esta línea de trabajo con grupos, impulsar el aprender jugando y participando.

La Matriuska me encantó; queda en clara evidencia el cómo podemos intervenir y construir realidades a partir de un mismo texto, esta capacidad humana de re-construir contextos tiene que ver con una mirada esperanzadora de nuestro quehacer.

Lo colectivo como espacio para la reflexión crítica permite que miremos nuestros trabajos diagnósticos, que analicemos las implicancias que tienen estos procesos en lo comunitario, permite también cuestionamientos en torno a qué aportamos y/o qué trampas encontramos para que se instalen y operen en las comunidades las capacidades, recursos, habilidades, necesidades y posibilidades de transformación.

En la línea de mejorar las prácticas para permitir mayores niveles de efectividad de lo anterior. Nos planteamos una serie de preguntas y desafíos, entre ellos la urgencia de ver más allá de lo obvio, flexibilizar la metodología sin remitirla a la mera aplicación de instrumentos, la necesidad de volver a poner en lo comunitario, lo que la comunidad misma esta evidenciando, para que sean ellos precisamente quienes deban ahí resolver y transformar. Esto último esperando que la llamada capacidad de “reflexión crítica” no se quede sólo en los espacios profesionales y sepamos leerla y potenciarla dentro de nuestras comunidades.

Una reflexión crítica implica una práctica crítica, y desde estas confluencias construir una praxis crítica. No es menor la tarea, sobre todo cuando existe toda una contemporaneidad que está diseñada para naturalizar las cosas, los espacios, las ideas, los imaginarios colectivos; diseño que viene en un lindo formado listo para ser tragado, sin ni siquiera masticar. Una práctica crítica implica una reflexión crítica, y desde estas confluencias construir una praxis crítica.

Desde la construcción de esculturas construidas con materiales de desecho, síntesis cartográficas que visibilizan los nudos encontrados en el desarrollo del Diagnóstico Participativo de Infancia (DPI)… desde el uso de las "Matriuskas" como recurso técnico para una máquina de multiplicación… en esta reunión-jornada del Programa de Infancia, dimos un paso en esta construcción de una praxis crítica.

La realidad es una película en 3D, a la que hace mucho rato venimos tratando como si tuviera sólo 2 dimensiones: causas y efectos. El análisis crítico que pudimos hacer grupalmente de la “la plaza de los volados” (contenido recurrente en los DPI) es posible cuando nos permitimos poner en paréntesis nuestras preconcepciones de las cosas y estar en el juego creativo. El gesto técnico sería estar dispuesto, estar abierto, querer ver más allá de lo conocido, tolerar la incertidumbre de la no respuesta, atrevernos a suspender nuestras respuestas ya inscritas en nuestro disco duro. Cuando esa plaza, una nebulosa con algunas explicaciones parciales, con cierto tono oscuro, homogéneo, evitable; se va transformando en un espacio múltiple, habitado por toda la comunidad (en distintos sentidos y no sólo físicamente), ese espacio se vuelve real, recupera su vida, movimiento, se despliegan todas las dimensiones ocultas por la venda del pre-juicio, de la respuesta dada. El análisis crítico fue transformando esa nebulosa, a lo largo del taller del miércoles pasado, en una nebulosa reflexiva, con múltiples dimensiones.

jueves, 22 de octubre de 2009

LOS DILEMAS DEL TRABAJO COMUNITARIO

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Andrés Vera Quiroz
Licenciado en Trabajo Social
Magíster en Trabajo Social ©

Recuperar y Aprender de nuestras prácticas, es un deseo siempre valorado aunque muchas veces no efectuado. El cosismo, el activismo que realizamos en el campo de lo social y en la educación popular muchas veces atentan contra este buen propósito, que en realidad es fundamental y decisivo para el logro de nuestros anhelos de cambios y/o de la modificación de la realidad social.

En la última década, se ha manifestado con mayor significancia el problema de la desorganización y fragmentación social que repercute en el sistema social de nuestro país, afectando con más fuerza los espacios comunitarios.

El predominio del individualismo en amplios sectores populares que en tiempos pasados protagonizaron históricas luchas sociales por una mejor calidad de vida, materializados particularmente en tomas de terreno y comités de allegados, hoy en día se traducen en la fragmentación y la pérdida de cohesión comunitaria, lo que a su vez, se visualiza en la pérdida de los espacios públicos.

Para entender mayormente estas significaciones, recordemos algunas definiciones sobre Comunidad:

1. Una comunidad es una agregación social o conjunto de personas que, en tanto habitan en un espacio geográfico delimitado y delimitable, operan en redes de comunicación dentro de la misma, pueden compartir equipamientos y servicios comunes y desarrollan un sentimiento de pertenencia o identificación con algún símbolo local. Con funciones relevantes como, producción, distribución y consumo de bienes; socialización; control social; participación social y apoyo mutuo (Ander-Egg, 1995: 66).

2. Agrupación organizada de personas que se perciben como unidad social, cuyos miembros participan de algún rango, interés, objetivo o función común con conciencia de pertenencia, situados en una determinada área geográfica en la cual la pluralidad de personas interacciona más intensamente entre sí que en otro contexto
(http://www.prodigyweb.net.mx/epedroza/glosariotrabajosocial.html).

Desde la mirada del Trabajo Social, es relevante tener en cuenta las funciones más importantes que se pueden desarrollar a nivel comunitario, a saber:

a. Participación Social como posibilidad que brinda la comunidad local para que, a través de la familia, el medio laboral, las organizaciones voluntarias, las asociaciones de base, las organizaciones religiosas, culturales, sindicales o políticas, las personas integrantes de la misma puedan desarrollar o realizar actividades de carácter social. Esta participación puede tender a la satisfacción de necesidades (individuales o colectivas, emocionales o utilitarias) o a la solución de problemas compartidos por algunos de ellos.

b. Apoyo mutuo cuando éste sea necesario y que puede ser fomentado por mecanismos institucionales formales (agencias, instituciones de bienestar social etc.) o por grupos primarios (familia, amigos, vecinos, etc.) (Ander-Egg, op.cit.: 65-66).

El territorio comunitario no sólo constituye el espacio físico y/o lugar de residencia determinado culturalmente por los propios habitantes de una localidad, cuyos límites paulatinamente han sido socavados por las diversas instancias de participación generadas desde los gobiernos locales y centrales.

Recordemos algunos elementos que configuran una comunidad, el territorio, las necesidades, los problemas, los recursos, los habitantes con sus actores locales, las instituciones (municipio, los consultorios, escuelas y la participación social comunitaria).

Se observa que desde la sociedad no ha habido canales para modernizar y renovar a las organizaciones de la sociedad en un nuevo contexto donde el Estado e individuos están ocupando espacios diferentes a los de antaño. A su vez, no obstante el Estado ha realizado esfuerzos en aras de fortalecer la participación ciudadana, los resultados son exiguos. Nos encontramos en una suerte de “congelamiento” en el activismo social y participación ciudadana y comunitaria.

Acá el problema central, se ubica en concebir a la participación como un rasgo prácticamente inevitable a las políticas sociales y/o como un aporte funcional al desempeño de las mismas. Mirada implementada por los todos gobiernos en esta última década, por tanto, la participación es valorada sólo en tanto aporta a iniciativas que son decididas, diseñadas y controladas por el Estado.

Contraponiéndose a ésta mirada, Palma (1998), expresa que la participación debe constituir una práctica cuyo primer propósito sea contribuir al desarrollo de las personas que participan. Una política auténticamente participativa incorpora a las personas con iniciativa y responsabilidad, lo que es distinto de considerarlas como usuarios que "participan" sobre la base de cursos de acción controlados y preestablecidos por otros.

Al revisar el tema del Trabajo Comunitario, consecuencias, efectos y necesidades, aflora una pregunta sin respuesta, la cuestión del cambio social, intervenimos para mantener el status quo o para cambiar la situación actual.

Sí hablamos de cambio social, debemos revisar y reflexionar sobre las acciones dirigidas sobre la comunidad, para la comunidad o con la comunidad. En otras palabras, la acción social es aquella que se orienta por las acciones de otros, las cuales pueden ser pasadas, presentes o esperadas como futuras. Una acción social es toda acción siempre y cuando tenga un sentido mentado para los miembros o el miembro de la acción sea la conducta de otros, orientándose por esta acción.

El cambio social, como propósito de la intervención comunitaria pretende un cambio en el sentido de propiciar un mejoramiento en las condiciones de vida de los sujetos, objeto de cualquier intervención. En este sentido, la orientación se encamina a una acción desarrollista más que asistencialista, buscando la emergencia de todas las potencialidades posibles de los beneficiarios de un programa, en favor de su fortalecimiento, en cuanto a su capacidad para transforma la realidad, a través de la propia transformación.

Por tanto, parece ser que la debilidad en la participación social y de las organizaciones sociales debe asociarse con la dificultad de encontrar nuevos modelos de acción, de agrupamiento y nuevas formas de interlocución con el Estado y en general, en la esfera pública.

La participación social pasa entonces, por la ruptura de la asimetría existente entre los servicios institucionales y la comunidad, lo que significa democratizar el poder, ampliando los espacios de decisión de quienes han sido excluidos de la posibilidad de influenciar en diversas materias.

Por lo cual, para que nuestras acciones tengan repercusiones y/o impactos, es necesario y relevante generar vínculos con las personas para construir experiencias de autonomía, identidad, confianza y lealtades. Entonces, el desafío del Trabajador Comunitario es construir esos vínculos necesarios, que los podríamos dividir en dos tipos, el primero tiene relación con el propio vínculo que genera uno en diferentes espacios y el segundo, el que genera la propia comunidad, es decir, en el terreno donde se encuentran las personas. Por tanto, el vínculo es una relación empatica, asertiva, afectiva y sobre todo, con una escucha atenta, que ponga atención sobre lo que él otro está diciendo.

Acá, es relevante redimir sino nuestra profesión, algo que es común en todos los interventores en el campo de lo social, al Trabajo Social lo entenderemos, como aquel que “promueve la resolución de problemas en las relaciones humanas, el cambio social, el poder de las personas mediante el ejercicio de sus derechos y su liberación y la mejora de la sociedad”. En ese devenir, los principios esenciales para el Trabajo Social son los Derechos Humanos y la Justicia Social (Ética en el Trabajo Social, Declaración de Principios” aprobado por la Asamblea General de la Federación Internacional de Trabajadores Sociales y de la Asociación Internacional de Escuelas de Trabajo Social en Adelaida, Australia, Octubre 2004).

El debate actual en el Trabajo Social y particularmente del Trabajo Comunitario es una especie de ruptura epistemológica en cuanto al actuar frente a las comunidades, este debate actual se da en el marco de lo llamado “Nueva Cuestión Social”. En el cual se enfrenta dos posturas claramente, una conservadora como es la Neofilantropía que pretende reinstaurar una mirada parcial de los problemas sociales despojados de su carácter relacional y social; y la otra de corte más progresista, como es la Ciudadanía, ésta tiene como núcleo duro la recuperación no sólo de la noción sino de la práctica de la ciudadanía como derechos y responsabilidades, como factor de integración so­cial, de respeto por las diferencias, de construcción de igual­dad y de emancipación.

Para finalizar, un pensamiento de Berger y Luckmann (2003) que engloba en todo lo expresado en este documento y particularmente en este último punto, “Toda actividad humana está sujeta a la habituación. Todo acto que se repite con frecuencia, crea una pauta que luego puede reproducirse con economía de esfuerzos y que ipso facto es aprehendida como pauta por el que la ejecuta. Además, la habituación implica que la acción de que se trata puede volver a ejecutarse en el futuro de la misma manera y con idéntica economía de esfuerzos. Esto es valido tanto para la actividad social como para la que no lo es”.

jueves, 1 de octubre de 2009

CENTRO FAMILIAR DE COQUIMBO: LA APUESTA POR LAS ALIANZAS ESTRATÉGICAS

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Con el objeto de abrir la posibilidad de un diálogo e intercambiar experiencias en el marco del proceso de sistematización institucional de Fundación de la Familia, el Centro Familiar de Coquimbo comparte en nuestro blogg, de la mano de su Coordinador de Programas, Mauricio Álvarez, las primeras reflexiones acerca de su apuesta por desarrollar alianzas estratégicas para potenciar el trabajo comunitario en los territorios de intervención para este equipo.


Por Mauricio Álvarez
Coordinador de Programas Centro Familiar de Coquimbo
Fundación de la Familia

En el proceso de selección de una experiencia del Centro Familiar de Coquimbo para la sistematización institucional, nuestro equipo se dio cuenta de que distintas experiencias relevantes que se han realizado, como la celebración del aniversario de la población, el trabajo con grupos jóvenes, la feria comunitaria, o la realización de las plazas ciudadanas, entre otras, tenían un denominador común que las potenciaba, agregaba nuevos sentidos y permitía una retroalimentación entre cada una de ellas y el Centro Familiar como espacio de trabajo comunitario. Este denominador común que, al mirarlo desde una perspectiva de más largo plazo, comenzó a transformarse en una experiencia en sí misma fue la configuración de alianzas estratégicas.

Entendemos por “Alianzas Estratégicas” (en lo que sigue AE) todos aquellos vínculos, en sus distintos grados de formalización, que hemos ido adquiriendo con las redes institucionales de la comuna. Se trata de Alianzas puesto que de alguna forma hay una relación de reciprocidad, de mutua ganancia. Hablamos de Estratégicas, en tanto nos permiten enriquecer y complejizar nuestras acciones al interior y exterior del centro familiar, y que han potenciado nuestras líneas de trabajo; recreación y cultura, orientación y formación, asociatividad y participación, así como también la línea de infancia y quizá también –eso sí, en menor medida- el Telecentro.

Consideramos AE los vínculos establecidos con la Casa de la Cultura, con el Municipio de Coquimbo, con el programa Quiero Mi Barrio, con las Escuelas y Colegios de la comuna, con los medios de comunicación masivos (radio, televisión regional y prensa escrita), con instituciones privadas tales como Aguas del Valle, Club Deportivo Coquimbo Unido, entre otras. En este sentido, se trata de un entramado bastante diverso y que atraviesa transversalmente entidades públicas y privadas, que se caracteriza por tener como único foco el enriquecimiento y mejoramiento de las prácticas orientadas hacia la comunidad con la cual trabajamos; esto es lo que le otorga relevancia a dichos vínculos, pues considerados en sí mismos serían meras relaciones entre instituciones (como lo son buena parte de las redes, con sus respectivos énfasis temáticos, que se intentan articular en la comuna). En este sentido, se trata de la configuración de una red “invisible”, ya que se sustenta en las articulaciones que realicemos nosotros como Centro Familiar y que tienen como centro a la comunidad territorial delimitada en nuestro accionar (Poblaciones Anima del Quisco y Barrio Nuevo).


Consideramos que las AE representan una experiencia relevante, en la que se produce un proceso sinérgico en el cual todos los actores implicados resultan beneficiados. En primera instancia las comunidades ya mencionadas, en tanto acceden a información y servicios (públicos privados) de un modo rápido y expedito. Por otra parte, nosotros como equipo, vemos que nuestras actividades se tornan más complejas y profundas, sin que esto se traduzca en una sobrecarga, en este sentido, se produce un efecto multiplicativo. Por su parte, las instituciones implicadas en dichas AE obtienen la posibilidad de estrechar lazos con una comunidad y acceder en forma directa y focalizada a un público muchas veces difícil de captar.


Haciendo un poco de historia...

Para realizar una reconstrucción del proceso a través del cual se han ido configurando las AE nos remontamos al año 2007. Como equipo veíamos la necesidad de trabajar sobre la recuperación de memoria e historia local, con el propósito de fortalecer el sentido de pertenencia a nivel comunitario. Como instancia articuladora de este proceso nos propusimos realizar una celebración del aniversario de la población. Considerábamos que era necesario realizar algo “en grande” y que de alguna forma se instalara en el territorio, como una forma también de propiciar la recuperación de los espacios públicos. Sin embargo, considerábamos que nuestras capacidades como equipo eran relativamente limitadas, por lo que se hacía necesario tener el apoyo de otras organizaciones. Por otra parte, había una serie de aspectos de orden “burocrático” con los que debíamos cumplir (por ejemplo para el cierre de las calles, o para la realización de los corsos) y que teniendo algún “contacto estratégico” podríamos solucionar de una manera más fluida. A su vez, considerábamos que no podíamos ser los organizadores de la celebración y a la vez ser jurado de las distintas instancias competitivas que estábamos planificando en conjunto con la Junta de Vecinos y los Comités de Calle (competencias por alianza, reinas, competencia de canciones originales, competencia de exposición de fotografías antiguas, entre otras). Por todas estas necesidades consideramos que era necesario reunirnos con el departamento de Cultura del Municipio de Coquimbo, pues informalmente nos habíamos enterado que habían estado asistiendo a algunas reuniones con líderes vecinales con el fin de organizar una muestra de patrimonio familiar. Estimamos que de alguna forma se trataba de una temática que compartía un mismo horizonte al poner el énfasis en la memoria, identidad y el patrimonio.

Es así como concretamos una reunión con el Consejero de Cultura y el Encargado de la Casa de la Cultura de la Municipalidad de Coquimbo, don Wilson Cuturrufo y don Luis Rojas, respectivamente. Aquí se establece una primera alianza que será una especie de “bola de nieve”, ya que irá adquiriendo más fuerza e irá involucrando paulatinamente más ámbitos de trabajo conjunto. En base a este trabajo previo a la celebración del aniversario es que el día 16 de junio del 2007 se firma un “CONVENIO DE COLABORACIÓN” entre la Municipalidad de Coquimbo y la Fundación de la Familia, sede Coquimbo. Este convenio, formalizado a través del Alcalde de Coquimbo, don Oscar Pereira, y la entonces directora ejecutiva de la Fundación, doña Alicia Peyreblanque, establecía la cooperación mutua, en la medida de lo posible, en las materias de educación y cultura; recreación; y el Desarrollo de actividades de interés común en el ámbito local.

Más allá de la formalidad del convenio, lo que nos habíamos planteado en principio era realizar en coordinación y cooperación esta celebración del aniversario. Más allá del “tejemaneje” que implica el trabajo permanente y consistente con los vecinos, el apoyo obtenido a través de la Municipalidad y específicamente a través del Departamento de Cultura, consistió básicamente en contar con un buen sistema de amplificación, con un escenario adecuado a las características del espacio en el que se había decidido realizar la ceremonia y show de cierre, y contar con el apoyo para realizar el cierre perimetral. El resultado fue una celebración bastante multitudinaria, dentro de la cual la comunidad pudo re-pensar su historia e identidad, y celebrar los 50 años desde la constitución de la junta de vecinos.

Por su parte, esta celebración del aniversario implicó el tomar contacto con medios de comunicación, para publicitar las actividades que se estaban realizando, y de esta forma ir involucrando a un mayor número de vecinos. Esta situación constituye un primer acercamiento también en este ámbito, siendo –por así decirlo- la puerta de entrada a una relación más estable y fluida con radios y prensa escrita.

Consideramos entonces éste –la celebración del aniversario- como un primer hito que establece, por así decirlo, un punto de partida en el proceso de la constitución de las AE. Se trata de un punto de partida bastante abrupto, pero que logra una alianza formalizada a través de un Convenio de Colaboración, lo cual se traduciría en una serie de acciones derivadas que enriquecerían nuestro quehacer. Cabe señalar por ejemplo, que a propósito de este convenio, se establecen una serie de talleres financiados municipalmente y que se ejecutan en nuestro centro familiar, haciéndonos cargo nosotros de la convocatoria y del espacio de ejecución de los mismos, con lo cual hemos podido contar permanentemente con al menos tres talleres (proporcionados por el departamento de la mujer del municipio) que complementan nuestra oferta programática.

Un segundo hito se establece cuando a comienzos del 2008 nos proponemos realizar nuestra primera Plaza Ciudadana y por otro lado organizamos la campaña de protección al medio ambiente. Consideramos éste un momento relevante en la consolidación de las AE. Los vínculos establecidos comienzan a trascender el ámbito de lo recreativo cultural e ingresan de lleno en lo que dice relación con Orientación y Formación. Teniendo como antecedente la experiencia del Aniversario, nos propusimos de alguna forma replicar esa fórmula de vincularnos con una institución a partir de la organización de un evento específico. Para la realización de la plaza ciudadana quisimos tomar como aliado estratégico al Programa Quiero Mi Barrio, pues consideramos que de esta forma potenciaríamos la realización de la actividad, ya que se trataba de una instancia de recuperación de espacio, específicamente en una plaza un tanto “abandonada” por la comunidad. En este contexto decidimos convocar a dicho programa, exponer nuestros propósitos, e indagar en las prioridades que dicho programa se proponía para trabajar en su territorio. Si bien su focalización territorial no es exactamente la misma que la nuestra, en términos temáticos y perspectiva de trabajo comunitario habían ciertos elementos comunes que nos permitieron proyectar un trabajo conjunto. En vista de lo cual entramos rápidamente “en tarea” y comenzamos a organizar la realización de la Plaza Ciudadana. Ellos, como programa del MINVU y con anclaje municipal contaban con una serie de contactos que podían comprometer para dicha actividad. Por nuestra parte, nuestra alianza con el Municipio era como una suerte de catapulta para acceder de forma más fluida a nuevos vínculos.

Por su parte, para la campaña de protección del medio ambiente decidimos coordinarnos con la Unidad de Medio Ambiente del Municipio por un lado, y por otro, establecimos vínculos con las escuelas del sector. Uno de los ejes de la campaña consistía en la realización de un concurso de confección de afiches de sensibilización en el cuidado y protección del medioambiente. Con este objetivo en mente, pudimos nuevamente realizar una serie de alianzas que permitieron realizar una excelente convocatoria para el concurso, así como otorgarle mayor profundidad en términos de contenidos asociados a dicha acción.

Por último, establecemos un tercer hito en mayo del año en curso, cuando realizamos nuestra segunda plaza ciudadana. Visualizamos este como un tercer hito, en tanto allí se concretizan las oportunidades que han significado la generación de las AE. Por así decirlo, este es un hito que tiene el carácter de “cosecha”, en el que pudimos ver cómo la organización y ejecución de la actividad se hizo fluida y exitosa. Esto como efecto de los vínculos ya establecidos.

Como centro familiar consideramos relevante destacar y compartir este proceso, independiente de que elijamos otra experiencia distinta a las AE para realizar nuestra sistematización, ya que nos ha permitido multiplicar los esfuerzos realizados al interior del centro familiar y poder aspirar a mayores niveles de complejidad en nuestro quehacer sin que ello implique una sobrecarga para el equipo. Es probable que en la mayoría de los centros familiares de fundación de la familia tengan una valoración semejante las AE como parte de distintas experiencias y sería interesante saber cómo han operado, o no, en sus respectivas comunidades.

lunes, 14 de septiembre de 2009

ESCUELA FAMILIA Y DEMOCRACIA

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¿Qué se enseña cuando se enseña?
por: Rosanna Nitsche Meli (Psic.)
http://www.terapiaycambio.cl/


Me enteré hace poco de la siguiente historia ocurrida en un colegio particular de Santiago.

Como actividad escolar, por cierto una actividad importante dentro del currículum de este colegio, se les pidió a los niños de cuarto básico que escribieran un cuento de un mínimo de dos páginas.

Resultó una actividad interesante para la mayoría, a pesar de lo cual casi todos escribieron sólo el mínimo y otros hasta cuatro páginas.

Sin embargo, uno de los niños disfrutó enormemente la actividad, llegando a completar doce páginas de un cuento bien escrito y entretenido, además de ordenado en la presentación del cuaderno. Los errores de ortografía eran pocos y los corrigió con su madre en la casa.

Este niño estaba orgulloso de su trabajo, fue reconocido por sus compañeros quienes le preguntaban si quería ser escritor cuando grande.

Hasta aquí todo iba bien, el problema comenzó cuando la profesora les dijo que tenían que pasar el cuento “al limpio”, con lo que nuestro futuro escritor empezó a angustiarse ante la idea de volver a escribir las doce páginas.

El niño lo comentó con su madre, juntos revisaron lo escrito y les pareció que estaba muy ordenado. “Nunca me va a quedar mejor” dijo el niño.

La madre pensó que lo mejor era que su hijo solo enfrentara la situación y hablara con la profesora. Sin embargo, cuando el niño le dice a la profesora que a él y su mamá les parece que es muy largo para copiarlo de nuevo y que además está muy ordenado, la profesora sólo le indica que lo haga porque es OBLIGACIÓN.

La actividad de escribir un libro es una estrategia educativa muy buena. Promueve la creatividad, el uso del lenguaje, la práctica de la escritura, el razonamiento, la independencia.

La actitud de la profesora enseña todo lo contrario: Haz el mínimo esfuerzo; un desborde de creatividad te va a acarrear exceso de trabajo; a los profesores no se les pregunta, se les obedece; las cosas que no tienen explicación, simplemente son obligatorias.

Obviamente, esta profesora, como la mayoría de nosotros, debe haber estudiado en un colegio donde se fomentó poco la participación y el disentimiento de los niños, donde hubo muchas obligaciones y donde era mejor no preguntar ni cuestionar mucho.

Probablemente, en la universidad, el panorama no cambió mucho. Con suerte, habrá ido a alguna marcha estudiantil donde, de un muy mal modo, pudo ejercer su derecho a disentir.

Coherencia entre lo que se dice que se hace (preparar niños independientes, creativos, ciudadanos participativos y democráticos) y lo que se hace. La diferencia está en los pequeños detalles, en el criterio de cada profesor y, principalmente, en la consciencia de que los actos y las palabras de un adulto importante, como es un profesor, pueden calar muy hondo en un niño.

Este niño y su madre se sienten sin conducta posible:

  • el niño ya no se atreve a volver a hablar del tema con la profesora.
  • la madre no quiere hacer un problema particular y concreto de algo que le parece que atañe no sólo a su hijo.
  • Los conductos regulares de comunicación en el colegio obligarían a ir a hablar primero con la profesora ¿cuán probable es que la profesora pueda mirar el problema ampliamente, como un tema de educación que incluso podría tratar con sus colegas en alguna reunión? ¿O, por el contrario, se sentirá cuestionada y criticada por una madre “metiche”?
El niño, por lo pronto, ya encontró una solución. No lo va a pasar al limpio, pero tampoco va a decirlo. Total “lo más seguro es que la Miss no se dé ni cuenta”.

 

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